La Pureza está de fiesta. Hoy recordamos un momento sencillo… y a la vez inmenso. El instante en que una mujer, con una maleta en la mano y el corazón lleno de Dios, decidió cruzar un umbral que cambiaría la historia.
Madre Alberta no entró solo en una casa, en un hogar. Entró en un sueño. Entró en una misión. Entró confiando, aun sin tenerlo todo claro… porque sabía en Quién confiaba.
Quizás no había certezas, quizas había cansancio, quizás incluso miedo… Pero había algo más fuerte: una fe que empuja, que sostiene y que ilumina.
Y así comenzó todo. Hoy, nosotros seguimos cruzando puertas. Puertas grandes y pequeñas. Puertas fáciles… y otras que cuestan. Y en cada una de ellas, Madre Alberta nos susurra: “Confía. Dios está.”
¡Feliz día de Madre Alberta! Que, como ella, sepamos cruzar cada dia nuestros umbrales, incluso en medio de las dificultades, confiando plenamente en Dios. Que desde el cielo nos acompañe y nos enseñe a vivir con fe, valentía y abandono en sus manos.


